sábado, 10 de octubre de 2015

El arma de dos filos



 La tecnología nos está consumiendo al igual que el trabajo. La televisión nos acapara, nos emboba; nos enajena de todo, inclusive de nuestros seres queridos y de los hobbies que llamaban nuestra atención. Al llegar a casa, lo único que pensamos es en llegar a prender la T.V., conectarnos a una red social, de la cual parece que nunca nos desconectamos, cargar el celular o prender la computadora.



  En el poco tiempo libre que tenemos, ya no disfrutamos los momentos en familia, un libro o una simple platica. En las pláticas entre amigos y en las actividades al aire libre no puede faltar el celular. Tan metidos estamos en él que no nos damos cuenta de lo mal que se ve no prestarle atención a las personas que están con nosotros. Le tenemos más afecto que a nuestros seres queridos. Ni siquiera somos capaces de apreciar lo poco que no hemos destruido de la naturaleza. Nos impactan más las imágenes en el cine o en internet que en vivo.

  Actualmente, en nuestra sociedad, ya no se encuentran los valores de antes. Tenemos una sociedad carente de valores; ya no les interesa tenerlos. Las personas ya casi no tienen dignidad, honestidad, honor, respeto o vergüenza, por mencionar algunos. Y es que las personas, gracias a que la globalización los aplasta y les impone una informidad arrogante, pierden el sentido de valores que se les pudieron haber enseñado y ya no saben en qué o quienes creer.


  La mayoría de las personas se avergüenzan del lugar de donde vienen y sus costumbres. Quieren cambiarlo; quieren globalizarlo. Piensan que al ser semejantes a otros lugares serán “mejores”. Pero no se dan cuenta que las grandes empresas solo quieren dominarlos, como siempre. Esto solo separará aún más a las  culturas.



Es importante que hagamos a un lado ese apego a la tecnología. Los niños ven que estamos tan enajenados con ella que creen que es normal. Ahora ya vemos a niños desde los tres años con una tablet en sus manos. Para ellos, es un juguete. Para los papás, es un medio para que estén “entretenidos” y no los estén molestando.

  Al darles una tablet generamos individualismo. No propiciamos el trabajo equipo como cuando jugábamos futbol, a las muñecas, a brincar la cuerda o a las escondidillas. La mayoría de los niños prefieren quedarse en casa a jugar con la tablet. Ellos también están generando un apego a una cosa.

  En vez de mantenerlos “entretenidos” con una tablet, mejor hay que recuperar los valores perdidos durante los años y enseñárselos para que sean capaces de reconocer la diferencia entre el bien y el mal. La tecnología nos proporciona muchos beneficios siempre y cuando se le dé el uso adecuado.

  No podemos dejar que el capitalismo nos consuma. Las grandes compañías quieren que hagamos a un lado nuestros anhelos para cumplir con sus intereses. No buscan otra cosa más que dominarlos; no les interesamos más que para ser sus esclavos. Y nosotros no hacemos nada para cambiarlo.

  Debemos defender nuestras costumbres y tradiciones, nuestros lugres históricos y nuestra gente; debemos defender nuestro país. No nos dejemos aplastar por las grandes empresas. Nos toca hacer a un lado sus intereses y lograr nuestros anhelos. Aprovechemos, incluso creemos tiempo libre con nuestra familia, amigos y hasta con nosotros mismos; seamos dueños de nuestro tiempo.

  También debemos hacer a un lado tanta tecnología. No dejemos que también nos consuma. Es el arma perfecta que tiene el capitalismo para dominarnos. Podemos servir de ejemplo para que otros países hagan lo mismo y lograr un mundo en paz. Reflexionemos sobre qué mundo queremos para nosotros y para las personas que amamos.



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