La tecnología nos está consumiendo al igual que el trabajo. La televisión nos acapara, nos emboba; nos enajena de todo, inclusive de nuestros seres queridos y de los hobbies que llamaban nuestra atención. Al llegar a casa, lo único que pensamos es en llegar a prender la T.V., conectarnos a una red social, de la cual parece que nunca nos desconectamos, cargar el celular o prender la computadora.
En el poco tiempo libre que tenemos, ya no
disfrutamos los momentos en familia, un libro o una simple platica. En las
pláticas entre amigos y en las actividades al aire libre no puede faltar el
celular. Tan metidos estamos en él que no nos damos cuenta de lo mal que se ve
no prestarle atención a las personas que están con nosotros. Le tenemos más
afecto que a nuestros seres queridos. Ni siquiera somos capaces de apreciar lo
poco que no hemos destruido de la naturaleza. Nos impactan más las imágenes en
el cine o en internet que en vivo.
Actualmente, en nuestra sociedad, ya no se
encuentran los valores de antes. Tenemos una sociedad carente de valores; ya no
les interesa tenerlos. Las personas ya casi no tienen dignidad, honestidad,
honor, respeto o vergüenza, por mencionar algunos. Y es que las personas,
gracias a que la globalización los aplasta y les impone una informidad
arrogante, pierden el sentido de valores que se les pudieron haber enseñado y
ya no saben en qué o quienes creer.
La mayoría de las personas se avergüenzan del
lugar de donde vienen y sus costumbres. Quieren cambiarlo; quieren
globalizarlo. Piensan que al ser semejantes a otros lugares serán “mejores”.
Pero no se dan cuenta que las grandes empresas solo quieren dominarlos, como
siempre. Esto solo separará aún más a las
culturas.
Es importante que hagamos a un lado ese apego
a la tecnología. Los niños ven que estamos tan enajenados con ella que creen
que es normal. Ahora ya vemos a niños desde los tres años con una tablet en sus manos. Para ellos, es un
juguete. Para los papás, es un medio para que estén “entretenidos” y no los
estén molestando.
Al darles una tablet generamos individualismo. No propiciamos el trabajo equipo
como cuando jugábamos futbol, a las muñecas, a brincar la cuerda o a las
escondidillas. La mayoría de los niños prefieren quedarse en casa a jugar con
la tablet. Ellos también están
generando un apego a una cosa.
En vez de mantenerlos “entretenidos” con una tablet, mejor hay que recuperar los
valores perdidos durante los años y enseñárselos para que sean capaces de
reconocer la diferencia entre el bien y el mal. La tecnología nos proporciona muchos
beneficios siempre y cuando se le dé el uso adecuado.
No podemos dejar que el capitalismo nos
consuma. Las grandes compañías quieren que hagamos a un lado nuestros anhelos
para cumplir con sus intereses. No buscan otra cosa más que dominarlos; no les
interesamos más que para ser sus esclavos. Y nosotros no hacemos nada para
cambiarlo.
Debemos defender nuestras costumbres y
tradiciones, nuestros lugres históricos y nuestra gente; debemos defender
nuestro país. No nos dejemos aplastar por las grandes empresas. Nos toca hacer
a un lado sus intereses y lograr nuestros anhelos. Aprovechemos, incluso
creemos tiempo libre con nuestra familia, amigos y hasta con nosotros mismos;
seamos dueños de nuestro tiempo.
También debemos hacer a un lado tanta
tecnología. No dejemos que también nos consuma. Es el arma perfecta que tiene
el capitalismo para dominarnos. Podemos servir de ejemplo para que otros países
hagan lo mismo y lograr un mundo en paz. Reflexionemos sobre qué mundo queremos
para nosotros y para las personas que amamos.


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